23 julio, 2017

Ya no cumplo años

Tengo la edad que siempre tenía mi madre cuando yo era pequeña. Cuando me preguntaban, como no sabía qué decir, le atribuía mi número favorito. Qué mejor edad.

Recuerdo la desilusión cuando me dijo que estaba equivocada. Desde entonces, me dejó de importar el paso de los años. Si me preguntan, nunca sé. Con la edad de las personas mayores me hago un lío.

atardecer
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11 julio, 2017

Todos los demás

Para el Arquero


Cuando no sé hablar ni sé volver, te recuerdo. Retrocedo sobre mis pasos, como aquella vez que perdí un pendiente y desanduve el camino con ojos de loca, buscando el brillo verde sobre la calzada. No se puede estar más solo que cuando se busca en soledad. Y yo nunca encuentro nada.

No encuentro más que la culpabilidad que supone saber que no eres todos los demás. Todos los que nunca fueron, no quisieron, no pudieron o no supe. Todos los demás y niebla. Todos los demás y el sonido de la lluvia. Soy mil pedazos, pero muy pocos son sólo míos. El robo. El expolio de las palabras que he guardado como balas, los hijos que no tendré, todos los demás que no son tú, todos aquellos a los que exigí pruebas de nada, o que me exigieron.

No sé el qué, pero lo hicieron.

Mientras, cada uno de nosotros mira el cuadro en silencio. Tú al reverso y yo a la superficie pintada. Somos los supervivientes de esta guerra que no existe. Supongo que todo(s) lo(s) demás carecen de sentido.


[El cuadro es Rue St. Honoré, après-midi, effet de pluie, de Camille Pisarro. Ellos, como tú y yo, lo han seguido buscando.]

06 julio, 2017

Lo que me hace falta para escribir



Pienso en el equilibrio, aunque quizá sea su falta, pero cerca, por muy poco, el fiel de la balanza que casi apunta a la tierra. La lucha, la necesidad, los fines: algunos, pero muy pocos. Caliento el agua para el té y giro la persianilla de plástico que me recuerda indolente que no está ahí para bloquear la luz. Quito la música, bailo por el salón, me escucho. Da miedo escuchar. Haber perdido el músculo real y el metafórico. Olvidar los cumpleaños. Saber que no hay verano. Que todos los propósitos son artificiales: no querer, no desear, no echar de menos. La voluntad - ay, la voluntad - que en realidad no es nada. Volver. O ir. Olvidando el camino.

26 marzo, 2016

Nem palavrinha


You know the shape my breath will take before I let it out
Belly, Now They'll Sleep


Que no os cuenten ese rollo de que las peores frases son las que se quedan por decir. Hay mucho en la vida que se queda sin ser dicho y en el fondo es probable que el resultado final sea beneficioso para la Humanidad. Eso a lo que llaman reservarse la opinión y que no tiene nada que ver con dejar de opinar sino con cerrar la boca, lleva una buena temporada salvándome la vida. No me refiero a eso. Me refiero a lo que fastidia de verdad. Lo que se queda sin decir porque otro te pide - lo de pedir es un decir - que no lo digas. Igual da que sea en un debate de la tele donde nadie se deja hablar o delante de tu jefe. Y donde fastidia más, aunque menos mal que ocurre en un menor número de ocasiones, es cuando alguien te dice que mejor no lo digas. Quiero pensar que todos tenemos de esas, que no sólo me ha ocurrido a mí. Que a muchos les ha pasado eso de ir a hacer algo importante y largamente reflexionado y que el destinatario no quiera escucharlo. Mi querido Q. me diría que eso es porque no merecen la pena de la confesión, aunque no creo que tenga razón. Mirando en retrospectiva, lo más normal es que la confesión no hiciera falta, porque cuando te piden que no la hagas, o se trata de tu abogado o de alguien que sabe de sobra las palabras que vas a pronunciar.